La ex ministra japonesa Yuriko Koike analiza la estrategia de expansión china y su despliegue militar en Asia, ¿será que veremos otra guerra de tal envergadura?, aquí está un escrito que vale la pena leer.
Absortos en el inmenso aumento de medios militares de China, una nueva constelación de asociaciones estratégicas entre sus vecinos y el revitalizado compromiso de los Estados Unidos con la seguridad asiática, muchos observadores astutos señalan que en 2010 se han visto las primeras chispas de una nueva guerra fría en Asia, pero, ¿de verdad es inevitable la "Segunda Guerra Fría"?
Aunque contemporizar con el empuje de China a favor de la hegemonía es impensable, se deben hacer todas las gestiones realistas necesarias para evitar la militarización de la diplomacia de esa región. Al fin y al cabo, la Guerra Fría en Asia nada tuvo de fría. Primero en la guerra civil china y después en Corea, Indonesia, Malasia e Indochina -en particular, en Vietnam-, la Guerra Fría arreció no como una batalla ideológica o de propaganda entre superpotencias rivales, sino en combates tenaces y con frecuencia fratricidas que costaron millones de vidas y retrasaron el desarrollo económico y la democratización política.
A esa historia sombría se debe que el desprecio actual de China por la máxima de Deng Xiaoping de que China "disfrace su ambición y oculte sus garras" resulte tan preocupante para los dirigentes asiáticos desde Nueva Delhi hasta Seúl y desde Tokio hasta Yakarta. Desde su negativa a condenar el hundimiento -sin que hubiera habido provocación alguna por su parte- del buque de guerra surcoreano Cheonan y el ataque de artillería contra islas surcoreanas hasta sus reivindicaciones de soberanía de diversos archipiélagos japoneses, vietnamitas, malayos y filipinos y nuevas reivindicaciones inventadas de la provincia de Arunachal Pradesh de la India, China ha revelado un pavoneo neoimperial. Así, pues, a nadie debe extrañar que en las posiciones diplomáticas asiáticas esté empezando a predominar la idea de 'contención'.
¿Contener a China?
Es un error -al menos de momento- pensar que una estructura oficial de alianzas para contener a China es necesaria del modo en que lo fue para contener a la Unión Soviética. Conviene recordar que se organizó la contención contra un régimen totalitario soviético que no sólo era ideológicamente agresivo y estaba consolidando su colonización de Europa oriental (así como los territorios septentrionales del Japón), sino que, además, se cerró deliberadamente a la economía mundial.
La China actual es muy diferente. La del imperialismo militar declarado del tipo soviético raras veces ha sido -al menos históricamente- la vía china. Sun Tzu, el gran teórico chino de la guerra, se centró en la debilitación psicológica del adversario, no en las batallas. Hasta época reciente, gran parte del intento por parte de China de lograr la hegemonía regional reflejaba la concepción de Sun.
Más importante es que hace tres decenios China abandonara la autarquía económica. Actualmente, sus vínculos económicos en Asia son profundos y -es de esperar- permanentes. La maquinaria exportadora de China absorbe cantidades enormes de partes y componentes, para su montaje final, procedentes de toda Asia: Tailandia, Malasia, las Filipinas e Indonesia, además de países más ricos: Singapur, Taiwán, Corea del Sur y el Japón. La adhesión a la Organización Mundial del Comercio ha contribuido a vincular a China con redes de producción panasiáticas muy complejas. Todo el mundo se ha beneficiado de esos vínculos.
Un desarrollo regional
A lo largo de los tres decenios de ascenso de China desde la pobreza hasta la categoría de coloso económico, el comercio dentro de Asia ha aumentado aún más rápidamente que el de esa región con el resto del mundo, lo que indica una más profunda especialización e integración. De hecho, el ascenso de China ha alterado mucho el curso de las corrientes comerciales de Asia. El Japón ya no se centra en la exportación de productos acabados a Europa y a Norteamérica, sino en exportar partes y componentes para su montaje en China. El Japón importa, a su vez, de China productos acabados que antes llegaban de Estados Unidos y de Europa.
En vista de que nada menos que la mitad de los 1.300 millones habitantes de China sigue atrapada en la pobreza extrema, a China le interesa velar por que esas relaciones económicas sigan prosperando. En el pasado, China ha reconocido la necesidad vital de unas buenas relaciones de vecindad. Durante la crisis financiera asiática del período 1997-1998, los funcionarios chinos no se lanzaron a una devaluación competitiva del renminbi. Lamentablemente, semejante actitud política responsable y lúcida dista mucho de lo que vemos actualmente.
El vertiginoso aumento por parte de China de su capacidad militar es otro motivo de preocupación en Asia, pero, aún conforme a los cálculos más elevados, el presupuesto militar de China es ahora sólo igual, más o menos, al del Japón y, naturalmente, muy inferior al de los presupuestos militares combinados del Japón, la India y Rusia, países, todos ellos, que tienen fronteras con China, por no citar a Indonesia, Corea del Sur y un Taiwán que se están modernizando militarmente. Además, Rusia y la India cuentan con armas nucleares y el Japón tiene los medios tecnológicos para reconfigurar su posición en materia de defensa a fin de afrontar cualquier amenaza nuclear regional.
Amenaza política y económicaDe modo que la amenaza que China plantea actualmente sigue siendo predominantemente política y económica, no militar. La prueba de las intenciones de China es la de si utilizará sus capacidades económicas y -sí- militares en aumento para intentar establecer una hegemonía asiática excluyendo a los Estados Unidos de la región e impidiendo que prosperen asociaciones regionales. La otra opción es una China que participe en el esfuerzo cooperativo para unir a Asia en un sistema basado en normas, similar al que ha sustentado la paz a largo plazo en Europa.
En ese sentido, el ascenso de Asia es también una prueba de la competitividad y del compromiso de los Estados Unidos en Asia. La histórica oposición de los Estados Unidos a la hegemonía en Asia -incluida, como objetivo conjunto con China, en el Comunicado de Shanghai de 1972- sigue siendo válida. Sin embargo, se tendrá que aplicar primordialmente por medios políticos y económicos, si bien respaldada por el poder de los EE.UU.
Antes de 2010, la mayoría de los países asiáticos habrían preferido no elegir entre China y los EE.UU., pero la autoafirmación de China ha brindado incentivos para aceptar un sistema multilateral asiático respaldado por los EE.UU., en lugar de aceptar el sistema exclusionista que China intenta encabezar. En 2011, podemos empezar a ver si esos incentivos mueven a los dirigentes de China a revisar su conducta diplomática, que los ha dejado con las economías de Birmania y Corea del Norte, corruptas y sin solución, como únicos amigos fiables en Asia.
Escrito por Yuriko Koike
Ex ministra de Defensa y Asesora de Seguridad Nacional del Japón, es ahora Presidente del Consejo Ejecutivo del Partido Liberal Democrático.




No hay comentarios:
Publicar un comentario